El Ejecutivo de Pedro Sánchez tiene toda la intención de disparar los impuestos a las empresas para acabar con la ‘arquitectura de deducciones’ elevando el tipo mínimo del Impuesto sobre Sociedades al 15% del beneficio corporativo para las grandes empresas y al 18% para la banca y las compañías petroleras. Y lo hará en un momento en el que la mayoría de los países europeos y del resto del mundo se disponen a bajarlos.

El ejemplo más evidente es Estados Unidos que hasta hace un año era la potencia con el tributo más alto al beneficio de las empresas, puesto que rondaba el 35%. La Administración Trump se dispuso a acometer una de las mayores reformas fiscales de la historia y rebajó este gravamen al 21%. Hoy EEUU goza de un 3,7% de paro. Reino Unido, por su parte, puede presumir de tener uno de los tipos más bajos de los países de la OCDE, con un 19%. Algo que no impide que sus ingresos por este gravamen representen el 7,4% de PIB.

Ahora bien, España, que actualmente cuenta con un tipo general de 25%, tan sólo recauda el 2% del PIB, según el último EU Taxation Trends elaborado por Eurostat. De cumplirse con las previsiones del Gobierno de Pedro Sánchez, este tributo va a sufrir una nueva modificación que según Registro de Economistas Asesores Fiscales (REAF) es contraproducente  por la inseguridad jurídica que genera. Y es que no solo tendrá un impacto en la recaudación, también en la contratación. A menor beneficio, menor margen para competir y contratar.

Nuestro país cuenta con uno de los tributos más altos de la Unión Europea. Al Impuesto sobre Sociedades español se le avecina un nuevo cambio que se suma a las 200 modificaciones que ha sufrido en los últimos diez años, según las cuentas del Registro de Economistas Asesores Fiscales.
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