Descuentos, regalos o facilidades de pago. Vinculados a una marca automovilística, un comercio o un banco. La finalidad de las tarjetas de fidelización es asegurarse que el cliente va a fidelizar sus compras en los establecimientos que representan, si bien habitualmente pueden utilizarse en otras tiendas.

En este sentido, sus usos son básicamente dos: se pueden usar como método de pago y, también, como medio de financiación. Con todo, antes y al contratar una de ellas deben tenerse en cuenta varios aspectos. Expertos del comparador de tarjetas de CrediMarket los detallan en este artículo.

Antes de contratarlas

Ante todo, usar el sentido común. No dejarse llevar por las ventajas (ya sean descuentos, fracciones en los pagos, etc.) y analizar si realmente el futuro titular va a poder beneficiarse de ellas. Así, de nada sirve que ofrezca descuentos en gasolina si, por ejemplo, se es usuario del transporte público. O que dé descuentos en hoteles si apenas se viaja o en comercios en los que no se compra de forma habitual.

El motivo es que este tipo de tarjetas pueden conllevar algunos gastos asociados como comisiones de alta o de renovación. Además, en el caso de disponer de crédito, el interés que añade acostumbra a ser más elevado que el de los préstamos personales al uso, que a día de hoy se mueven entorno el 7,00% y el 10,00%.

Después de contratarlas

Precisamente, uno de los aspectos a tener en cuenta después de contratarla está en línea con las recomendaciones anteriores. Y es que las tarjetas de fidelización acostumbran a ser de crédito y facilitan flexibilidad en los pagos. Esto es, se puede elegir la forma de devolución del dinero empleado: una cantidad fija cada mes, un porcentaje del total…

Como se ha indicado, los tipos de interés que aplican suelen ser más elevados que los de un préstamo al consumo y superan el 20%. Por tanto, antes de usar el crédito disponible no está de más analizar diferentes opciones de financiación.

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